domingo, 20 de febrero de 2011

Una Mujer Masona: Clara Campoamor

Lo que es indudable, es que no podemos dejar pasar por alto el papel decisivo que 
tuvo en la obtención del derecho al voto de las mujeres cuando se debatió el tema en 
las Cortes Constituyentes del estado español en el año 1931.  
Sólo por este hecho, ya ocupa un lugar destacado en la historia, e imposible obviarlo, 
también por su producción literaria. Muy poco se ha escrito, y sólo de paso sobre su 
pertinencia a la masonería. Como si este “detalle” estuviese al mismo nivel que el color 
de sus ojos o la sencillez con que vestía.  
No lo vemos así. Las divisas masónicas marcan profundamente toda su trayectoria 
vital y profesional.  
Constante y perseverante en un contexto histórico nada favorable a la promoción de la 
mujer y mucho menos si esta era de clase trabajadora como fue su caso. Siempre 
consecuente con los principios masónicos por los que ha tomado compromiso: 
inmersa en la lucha por los derechos de la persona, no duda en asumir la defensa de 
los procesados del  levantamiento de Jaca, rechaza distinciones en ejercicio de 
valiente libertad, se enfrenta al propio partido como verdadera librepensadora, pone en 
práctica el amor a los más desfavorecidos con el incondicional respaldo a las víctimas 
de la represión en Asturias, recoge y defiende las propuestas de todo un movimiento 
emancipador en pro del derecho al voto de la mujer, el divorcio y la no discriminación 
de los hijos nacidos fuera del matrimonio. Sobre este último aspecto y el ambiente de 
su entorno, es muy gráfica la descripción que se nos da en la revista Cuadernos De 
Mujer y Cooperativismo:  “Las condiciones laborales y sociales eran duras, y 
especialmente para las mujeres, pero los velos van desapareciendo, y su irrupción en 
la vida pública nos entusiasma a todos y confirma las reales posibilidades de cambio 
regeneracionista. Todos los trabajos de los republicanos progresistas, en todas sus 
sensibilidades, desde el siglo diecinueve, encontraban reflejo en la legislación y en la 
vida cotidiana. Muchas de nuestras compañeras no darían abasto, entre las reuniones 
de la cooperativa, la Agrupación Femenina, los partidos políticos, los sindicatos y la 
logia masónica”.  Clara no es una flor rara, laica y republicana, dentro de un yermo caciquista y de 
sotana, ni su feminismo abierto y militante responde solamente a un talante rebelde 
pero solitario.  
Son masones y masonas las personas que abastecen las filas del progreso desde 
finales del siglo anterior y que ella tendrá ocasión de conocer. Con muchos coincide en 
el difícil campo del activismo feminista, como Carmen de Burgos (Colombina), también 
masona y fundadora de la Logia Amor, de Madrid y de quien su Hna\ Hildegard pudo 
decir en la necrológica:  “Ha muerto una republicana. Ha muerto una 
librepensadora” y también Ana de Castro, feminista portuguesa, amiga y masona, 
escribió: “Carmen de Burgos, la gran escritora española que murió en plena actividad 
de acción liberadora, es un valor mundial que todas las mujeres deben respetar, 
aunque no coincidan con sus creencias y no estén a la altura de su pensamiento 
avanzado y libre de dogmas y prejuicios sociales”.  
Con otras mujeres masonas trabajará más directamente en el sí de la Logia 
“Reivindicación” de Madrid, dependiente del G.O.E.: Maria Salmerón, Mercedes 
Hidalgo, Isabel Martínez, Consuelo Vergés, Esmeralda Castells, Rosalia Goy, Rosario 
Amat y Encarnación Chamizo.  
Otras despertaron en ella el interés por el laberíntico camino de la política, de alguna 
disintió amarga y dolorosamente; a ninguna delató, pero se le ofreció esta posibilidad 
para evitar los 12 años de prisión que tendría que soportar si quería volver a su país 
en plena dictadura franquista. Ejemplo este también de verdadera fraternidad 
masónica.  
Ningún grupo podría apropiarse su nombre; nosotras, masonas si podemos encontrar 
referentes.  
Hay que hacer saber pero, que las diferentes Obediencias de mujeres masonas en 
Europa enlazadas en el Comité de Liga Internacional de Masonería Femenina, 
seguimos defendiendo los derechos de las mujeres y más concretamente el derecho a 
la paridad, la cual cosa manifestamos en el Congreso celebrado para tal fin en 
Estrasburgo en el 2000, las conclusiones del cual fueron remitidas a la Comisión 
Europea, el celebrado en París el 2003 y el de Florencia el 2004 así como en el último 
congreso celebrado el Lisboa el pasado mes de mayo.  
CLARA CAMPOAMOR: “Una mujer, un voto” 
Sello conmemorativo con motivo del centenario de su nacimiento 
  Breve biografía 
 A ningún político de ninguna época, a ningún diputado o representante del pueblo 
debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos el 
sufragio Universal. Idea aparentemente muy admitida, pero que para hacerse realidad 
precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, 
durísima tarea que consumió, en la mayoría de países, las energías de varias 
generaciones de mujeres y hombres amigos de la igualdad. En el nuestro se consiguió 
de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola.  
Clara Campoamor, nacida en Madrid el 1888, en una familia de clase popular y talante 
liberal. Fue una mujer que se hizo a si misma, que luchó siempre contra todo, “mi ley 
es la lucha” decía, para conseguir una España donde la cuna fuera el origen, no un 
destino y donde la ley no fuera un castigo, si no un amparo.  
Bien pronto, tras la muerte de su padre, tuvo que dejar la escuela y ponerse a trabajar 
a los 13 años. Modista, dependienta, funcionaria de telégrafos, profesora de Escuelas 
de Adultos, secretaria de redacción.... Viéndose limitada por no tener el Bachillerato, 
no solamente acaba estos estudios sino que a los 36 años obtiene la Licenciatura en 
Derecho y al cumplir los 38 entra en los anales de esta disciplina como la primera 
mujer que interviene delante del Tribunal Supremo.  
A los 40 años participa activamente en la fundación de la Federación Internacional de 
Mujeres de Carreras Jurídicas.  
En el 1929 forma parte del “Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y 
Acción Republicana”. Más tarde se une al Partido Radical en las filas del cual es 
elegida diputada por Madrid el año 1931, convirtiéndose así, juntamente con Margarita 
Nelken y Victoria Kent, en una de las primeras mujeres parlamentarias del período 
republicano.  
Su participación en el Parlamento fue decisiva para la aprobación del derecho al 
sufragio de las mujeres (161 votos favorables contra 121) en contra de la opinión de 
quien temía que estas, bajo la retrógrada influencia clerical, se decantasen por 
opciones de la derecha. En dura batalla dialéctica se enfrenta hasta incluso con el 
propio partido, que abandonará definitivamente en el año 34 por su seguidismo servil a 
la CEDA. Avalada por el Hno\ Casares Quiroga, pedirá la entrada en Izquierda 
Republicana, pero fue rechazada de forma humillante.  
Las nefastas previsiones de sus oponentes, dentro de las filas de las izquierdas entre 
las que se cuenta también Victoria Kent, se cumplen el año 33 con el triunfo de la 
CEDA. No se le perdonó nunca, considerándola “culpable”, y esto representó su 
muerte política. A pesar que se demostró sobradamente la injusticia de la acusación, 
ya que no solamente se pudo constatar que la derrota de las fuerzas progresistas fue 
debida a su desunión, a su errónea política agraria y la brutal represión de Casas 
Viejas, sino que en el año 36 con la victoria del Frente Popular se disipan posibles 
dudas, Clara Campoamor no recibe ninguna disculpa provinente de las filas 
republicanas.  
Ella misma, en El voto femenino y yo, comenta:” “Lo que no espero que ocurra es que 
se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo 
todo, por ser el único que ideológicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo; una 
sola persona que, por estímulos de ética, de mínima reparación, clame y confiese la verdad y proclame al menos que no fui la equivocada yo, sobre quien se han 
acumulado las pasiones y la injusticia”  
Preguntada sobre ¿ Quién es y de donde viene? Esta fue su aclaradora 
respuesta:  
“Yo no advine a la República ni el 14 ni  el 16 de abril. Me he formado en el clima 
paterno, de un hombre que batalló en las épocas difíciles de Menéndez Pallarés. 

Durante la monarquía ni tuve contactos ni acepté mercedes. Cuando en 1927 la 
Academia de Jurisprudencia me brindó, como a don Enrique Moret, la Gran Cruz de 
Alfonso XII –que varios republicanos, seguramente de los que no votaron a mi favor, 
lucieron y arrumbaron cuidadosos después, como corolario al premio extraordinario 
anual, rechacé la distinción. En la Dictadura ni acaté órdenes injustas ni acepté 
conexiones: cuando el dictador dio al Ateneo una junta de real orden y en ella incluyó 
mi modesto nombre de ateneísta constante desde 1916, rechacé el nombramiento, 
con la consecuencia indirecta de tener que pedir la excedencia de mi cargo de 
Instrucción Pública perdiendo cien puestos en el Escalafón, que no recobré después; y 
cuando el Sr Aunós, ministro de trabajo de la dictadura, quiso injertar en sus Comités 
paritarios la modernidad de savia femenina, ofreciendo a tres abogadas en Madrid, 
Victoria Kent, Matilde Huici y yo, tres flamantes nombramientos de asesores en otros 
tantos organismos, yo, como Matilde Huici, rehusé el fructífero honor, que otros 
sirvieron”. 
Fiel a su ideario por encima de todo, se auto-exilia después de asistir atónita a los 
convulsos movimientos populares de venganza frente a la rebelión de los monárquicos 
y fascistas el año 36.  “Los principios liberales y democráticos no son sino una 
vergonzante y culpable mixtificación cuando unos hombres o unos partidos los invocan 
para encubrir todos los horrores, crueldades y expoliaciones que en Madrid he visto 
perpetrar durante las seis semanas en que me fue imposible abandonarlo. Contra esa 
abominable facción criminal levantaré siempre mi voz, mi protesta, mi espíritu”.  
Camino de Suiza sufre el intento de secuestro de parte de un comando falangista que 
quería apagar su voz.  
Trata de volver a finales de los años 40 y a inicios de los 50, pero se encuentra con 
que tenía que ser depurada por haber formado parte de la Logia Masónica 
“Reivindicación”. A diferencia de otros exiliados, ella se niega a declarar por un delito 
legalísimo cuando se cometió. Así, por principios, se queda en el exilio para siempre. 
Suiza, Argentina y Francia vigilaran la nostalgia por un vano deseo de volver.  
En 1955 se instala en Laussane donde trabaja en un bufete hasta que perdió la visión 
y donde murió de cáncer en abril de 1972. Manda que sus restos sean incinerados en 
San Sebastián, lugar donde se encontraba al instaurarse la II República.  
Concha Fagoaga y Paloma Saavedra, en una reedición de El voto feminista y yo, en 
1981 citan una carta de Clara Campoamor de 1959 a Martín Teo: “Creo que lo único 
que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino”. Ciertamente, ya 
que solo con el voto masculino nunca se hubiera conseguido el sufragio universal.  
Sus intervenciones parlamentarias quedan recogidas en el Diario de sesiones de las 
Cortes, del que no nos podemos estar de reproducir una pequeña muestra: 1 de 
octubre de 1931 “  Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis 
vosotros, pero no tenéis el Derecho Natural, el derecho fundamental que se basa en el 
respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo...”   30 de 
noviembre de 1931: “Yo no creo, no puedo creer, que la mujer sea un peligro para la 
República, porque yo he visto a la mujer reaccionar frente a la Dictadura y con la 
República. Lo que pudiera ser un peligro es que la mujer pensara que la dictadura la 
quiso atraer y que la república la rechaza, porque, aunque lo que la Dictadura le 
concedió fue igualdad en la nada, como me he complacido yo siempre en decir, lo 
cierto es que, dentro de su sistema absurdo e ilegal, llamaba a la mujer a unos 
pretendidos derechos...”. 
A destacar, dentro de su producción bibliográfica:  
El derecho de la mujer en España 
La situación jurídica de la mujer española 
El voto femenino y yo: mi pecado mortal 
La revolución española vista por una republicana 
Vida y obra de Quevedo 
Sor Juana Inés de la Cruz 
El pensamiento vivo de Concepción Arenal 
La marina argentina en el drama español: herismo criollo 

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